CAPÍTULO IV
-Ya está próxima la hora de pelear, desde hace mucho tiempo no brillaban Los Luceros con tanto interés sobre Zanmibia, están muy atentas a todo, sobre todo la Señora del Norte su fuego de plata parece hoguera cada vez mas grande- dijo Mael.
Había dormido en el templo junto con su nieto, pues la casa que ocupara antes del ataque ya no existía, la pérdida de su morada le causaba una tremenda tristeza, él mismo había ayudado a su construcción, allí había nacido Lindora la madre del rey su única hija y en las tardes de verano le gustaba recordar los viejos tiempos sentado debajo del árbol del patio.
Mientras se vestía con su túnica le hablaba al rey quien todavía permanecía en su cama con ganas de volver a ser niño.
-En verdad ya se acerca la hora de la lucha, ojala sean los fuegos de Resplandeciente portadores de buenas nuevas, pues el mago dijo que si nos llegaba alguna ayuda sería de un pueblo del norte muy antiguo-
-¿En verdad Aster cree que le llegará ayuda del norte? Tal vez lo haya visto en sueños o en esas extrañas videncias de los magos…pero…-
-¿Qué pueblo es ese abuelo? Nunca me topé con él en mis lecturas sobre la naturaleza del mundo-
-Y no lo harás, solo se les habla de él a aquellos que han entrevisto el camino entre los mundos y no le temen…fueron borrados de la historia humana por su propia elección-
-¿Pero…tu sabes quienes son verdad?- preguntó Wolf con la fascinación de un niño
-Te diré que…el padre de Aster, era mucho mas accesible que su hijo…una noche mientras cenábamos todos en las habitaciones de tu padre, Lindora le preguntó sobre algo que había visto una mañana en el bosque cuando era niña, le habló de un ser pequeño y blanco con destellos de plata que estaba posado sobre un árbol…según ella parecía un pájaro pero…su piel tenía unas relucientes escamas y dibujos extraños…apenas la vio…desapareció en un segundo mientras por detrás de ella unos ruidos extraños y unas locas risas agitaban los arbustos. El viejo Galian la miró muy sorprendido pues según lo que él sabía tu madre había visto a uno de los Sephiros, los mensajeros de los dragones…solo aquellos que van a recibir algún importante mensaje los ven…aunque analizando las circunstancias el mago dijo que probablemente estaba distraído con las criaturas del bosque y por eso fue que pudo verlo un segundo antes de que se esfumara-
-Dragones…nunca pude creer que fueran solamente cuentos de los viejos…he soñado muchas veces con ellos aunque no sepa muy bien como eran- Wolf estaba con los ojos desorbitados sentado a medio vestir mirando hacía la nada con una extraña sensación de paz en el rostro -¿Fue por aquí donde lo vio mamá?- pregunto maravillado.
-Si… ella lo vio en el bosque que hay detrás del puente no muy lejos de aquí, pero ¿no creerás que vas e encontrar uno por aquellos lugares? Eso fue hace mucho tiempo-
-Déjame decirte abuelo que he visto cosas extrañas en los últimos días, cosas maravillosas y terribles, más nada me gustaría mas que ver a uno de esos Sephiros, pues significaría que hay un mensaje para mi de ellos…tal vez un mensaje de esperanza…-
Mael tomó el arpa que siempre llevaba consigo, era de ahí de donde había sacado el rey su inclinación por la música, la acercó a su oído y mientras comenzaba a rozar con la punta de los dedos las cuerdas dijo en tono bajo y extrañamente dulce “…vuelan mas rápido que el pensamiento pues sus amos velan por ellos a través del tiempo”…
Era una copla que se cantaba para los Sephiros desde hacía muchísimos años y ya nadie recordaba su origen.
“Ojala vuelen rápido los amos de los Sephiros, ojala hubiera otra manera de resolver este conflicto” pensó el rey mientras salía del templo y corría hacía el bosque.


