lunes 24 de agosto de 2009



CAPÍTULO IV

-Ya está próxima la hora de pelear, desde hace mucho tiempo no brillaban Los Luceros con tanto interés sobre Zanmibia, están muy atentas a todo, sobre todo la Señora del Norte su fuego de plata parece hoguera cada vez mas grande- dijo Mael.
Había dormido en el templo junto con su nieto, pues la casa que ocupara antes del ataque ya no existía, la pérdida de su morada le causaba una tremenda tristeza, él mismo había ayudado a su construcción, allí había nacido Lindora la madre del rey su única hija y en las tardes de verano le gustaba recordar los viejos tiempos sentado debajo del árbol del patio.
Mientras se vestía con su túnica le hablaba al rey quien todavía permanecía en su cama con ganas de volver a ser niño.
-En verdad ya se acerca la hora de la lucha, ojala sean los fuegos de Resplandeciente portadores de buenas nuevas, pues el mago dijo que si nos llegaba alguna ayuda sería de un pueblo del norte muy antiguo-
-¿En verdad Aster cree que le llegará ayuda del norte? Tal vez lo haya visto en sueños o en esas extrañas videncias de los magos…pero…-
-¿Qué pueblo es ese abuelo? Nunca me topé con él en mis lecturas sobre la naturaleza del mundo-
-Y no lo harás, solo se les habla de él a aquellos que han entrevisto el camino entre los mundos y no le temen…fueron borrados de la historia humana por su propia elección-
-¿Pero…tu sabes quienes son verdad?- preguntó Wolf con la fascinación de un niño
-Te diré que…el padre de Aster, era mucho mas accesible que su hijo…una noche mientras cenábamos todos en las habitaciones de tu padre, Lindora le preguntó sobre algo que había visto una mañana en el bosque cuando era niña, le habló de un ser pequeño y blanco con destellos de plata que estaba posado sobre un árbol…según ella parecía un pájaro pero…su piel tenía unas relucientes escamas y dibujos extraños…apenas la vio…desapareció en un segundo mientras por detrás de ella unos ruidos extraños y unas locas risas agitaban los arbustos. El viejo Galian la miró muy sorprendido pues según lo que él sabía tu madre había visto a uno de los Sephiros, los mensajeros de los dragones…solo aquellos que van a recibir algún importante mensaje los ven…aunque analizando las circunstancias el mago dijo que probablemente estaba distraído con las criaturas del bosque y por eso fue que pudo verlo un segundo antes de que se esfumara-
-Dragones…nunca pude creer que fueran solamente cuentos de los viejos…he soñado muchas veces con ellos aunque no sepa muy bien como eran- Wolf estaba con los ojos desorbitados sentado a medio vestir mirando hacía la nada con una extraña sensación de paz en el rostro -¿Fue por aquí donde lo vio mamá?- pregunto maravillado.
-Si… ella lo vio en el bosque que hay detrás del puente no muy lejos de aquí, pero ¿no creerás que vas e encontrar uno por aquellos lugares? Eso fue hace mucho tiempo-
-Déjame decirte abuelo que he visto cosas extrañas en los últimos días, cosas maravillosas y terribles, más nada me gustaría mas que ver a uno de esos Sephiros, pues significaría que hay un mensaje para mi de ellos…tal vez un mensaje de esperanza…-
Mael tomó el arpa que siempre llevaba consigo, era de ahí de donde había sacado el rey su inclinación por la música, la acercó a su oído y mientras comenzaba a rozar con la punta de los dedos las cuerdas dijo en tono bajo y extrañamente dulce “…vuelan mas rápido que el pensamiento pues sus amos velan por ellos a través del tiempo”…
Era una copla que se cantaba para los Sephiros desde hacía muchísimos años y ya nadie recordaba su origen.
“Ojala vuelen rápido los amos de los Sephiros, ojala hubiera otra manera de resolver este conflicto” pensó el rey mientras salía del templo y corría hacía el bosque.

jueves 2 de julio de 2009



CAPITULO III

Fuego y humo, la ciudad maravillosa y encantadora que una vez fuera el Paso de los Pájaros estaba en ruinas. Por todos lados se podía ver la devastación que habían provocado los glinkar de Avernio a sus pasos, los techos ardían en el fuego rojo y malsano de la guerra, lo poco que quedaba estaba cubierto de un hollín negro y entre la espesa lobreguez que lo envolvía todo parecían sombras de los muertos y fantasmas terribles de los días antiguos. Era como un vistazo al futuro, a lo que le sucedería al mundo entero si Avernio ganaba la guerra, los corazones de todos se contraían de solo pensar en el sufrimiento que habían experimentado los pobladores de la ciudad.
En el centro de la misma había un gran templo, era el hogar de los ancianos del consejo que administraban el gobierno en nombre del rey. La cúpula del mismo se encontraba oscurecida pero ni siquiera los fuegos de esos malditos monstruos habían podido destruirlo.
Luego de revisar un poco el lugar se encaminaron hacía el templo con la esperanza de encontrar sobreviviente que pudieran explicar lo sucedido.
Unos pasos se escucharon por detrás de un muro, toda la guardia del rey se volvió desenvainando sus espadas, una emboscada en medio del caos era propio de aquellas ratas Azgarianas, sin embargo lo que vieron emerger no eran mas que a los sobrevivientes del fuego. Los habían sorprendido a altas horas de la noche, los pocos soldados que existían en la ciudad habían peleado hasta morir mientras cubrían el camino que iba hacía el palacio por el cual había llegado el mensajero a Wolf. El resto se había escondido en unos pequeños pasadizos que existían debajo de las casas conectando a la ciudad entera, eran los niños y las mujeres con algunos de los ancianos.
Al ver al rey, muchos de ellos por primera vez, sus corazones se sintieron reconfortados y algunas sonrisas se esbozaron en sus rostros, Mael el mas antiguo de los consejeros se acerco para abrazarlo a lo que el rey respondió con un afectuoso abrazo ya que era el padre de su madre y la sangre los unía en vínculos mas fuertes que cualquier otro que tuviera.
-Mi niño…- dijo el anciano
-Abuelo…lamento haber llegado tan tarde-
-Pero has venido…lo cual alimenta mis esperanzas a cerca de ti…sabes siempre confíe en ti…-
-Es bueno saberlo…pero ya habrá tiempo para eso…ahora dime…¿Qué fue lo que sucedió?-
Mael se llevó las manos a la cabeza y se refregó las sienes, tenía mucho cansancio y los ojos le ardían, los cerró un momento como cuando Aster invocaba la videncia luego poco a poco comenzó a contar los hechos de día anterior.
“La tarde estaba tranquila, no se escuchaba ningún ruido en la lejanía, hasta los susurros del bosque se habían apagado, la Señora del Este estaba allá en lo alto de su pedestal, y nosotros nos dedicábamos a lo cotidiano. Debí percatarme antes, ni el quejido de una rama al quebrarse ni el piar de un solo pájaro…era de esperar que algo sucediera. Apenas se ocultaba el sol un tremendo viento se levantó de repente, y en nuestras almas se congelaron los sentimientos… entonces supimos que algo andaba mal.
Todo sucedió muy rápido …los cuernos de esas bestias malditas sonaron sobre el río, se habían desplazado entre las brumas que se levantan por la tarde en pequeños botes de remo, no serían mas de trescientos pero no estábamos preparados para recibirlos…nos estaban atacando por sorpresa dentro de la fronteras de nuestra propia ciudad…los guardias solo pudieron hacer sonar las campanas unas dos o tres veces antes de caer muertos por las flechas envenenadas de los glinkar…el resto saco sus espadas y se abrió paso hacía ellos mientras las mujeres y los niños corrían a esconderse.
Yo llame al muchacho Cabe y le di el mensaje para ti, mientras ordenaba a lo que quedaba de la guardia que protegiera con su vida el camino hacía el palacio, tenía que avisarte de lo estaba ocurriendo. Aunque arriesgue una vida en vano…”
-Estará bien, Aster es un buen curador- respondió Wolf
“De algún lugar surgió entonces un gran fuego rojo y abrazador lo envolvió todo un segundo y luego todos los techos estaban en llamas…
Fue muy difícil pelear contra ellos tu sabes que esas bestias inmundas pelean aun estando muertas…destruimos a unos cuantos usando el propio fuego en su contra…el resto huyo de repente como si hubieran escuchado una señal…ahora que lo pienso el ataque no duró mas que algunos minutos…aunque me parecieron horas.
Me pregunto por que no envió a los Devoradores de…”
-Shhhhhh, mejor no los nombres, según Aster la energía de las palabras es mas fuerte que muchos hechizos- dijo el rey.
-Confiemos en el mago, entonces…no desatemos la furia de las fuerzas ocultas- respondió Mael mientras cerraba los ojos tratando de descansar un poco, en verdad era solo el comienzo y él tan anciano y estaba tan cansado…

jueves 21 de mayo de 2009


CAPITULO II

La noche se había vuelto muy oscura, todos dormían envueltos en mantas dentro de sus tiendas, hasta los soldados que estaban de guardia se habían dormido en sus puestos, reinaba una extraña paz…una paz incómoda y vigilante. Wolf intentaba dormir dando vueltas en su camastro pero se le dificultaba la tarea. Recordaba una y otra vez los ojos de plata de la visión de Aster y cada vez los sentía mas próximos a él.
De repente abrió los ojos y un resplandor sin dimensiones lo segó, la increíble luz color aguamarina se paseaba en el exterior de su tienda llamándolo. No emitía sonido alguno pero él escuchaba su voz dentro, era como un canto irresistible con el sabor de las olas del océano y el murmullo entero de la vida que lo habitaba.
Camino hacía ella como pudo con las manos a la altura de los ojos para cubrirse ya que el resplandor era tan imponente que era imposible siquiera distinguir las cosas que había en la tienda.
No podía creer lo que estaba sucediendo, no era estúpido (pese a todas las especulaciones) y sabía que la que se le presentaba era una de Los Luceros, no podía recordar su nombre y buscaba desesperadamente en su mente las palabras que Aster le dijera cuando niño a cerca de ellas: “Resplandeciente Lucero del Norte, La Musa de Plata, sus palabras tienen un singular encanto lograría que los muertos la siguieran. Sabia Lucero del Este La Gran Señora Azul, es quien guarda el camino del sol y solo la luz de este logra opacarla, nunca a prestado oído a los humanos, es quien se sienta a las mesas de los dioses y aun ellos le piden consejo. Magnifica La Dama Dorada del oeste vibra en los cielos y sus cantos aun se escuchan a veces en la tarde siempre van poblados de alegrías para los tristes corazones. Serena La Bella del Mar, el Lucero del Sur, es de todas la mas paciente y por tanto quien mas a escuchado los ruegos humanos, quien la escuche conservará la calma aun en la calamidad.
“El Lucero del Sur, Serena de los mares, así que hasta a ti han llegado mis pedidos” pensaba el rey mientras caminaba hacia ella.
-Yo soy Serena y serena es lo que soy-
-Yo soy solo Wolf…o…el Rey Wolf dirían algunos tal vez…de mas esta decir que entre nosotros Su Majestad eres tu y no yo, por lo cual me postro a tus pies- y dando un paso hacia atrás se hincó de rodillas.
-Pocos días han hecho por ti mas que la eternidad del palacio, tu mente comienza a revelar un poco de la lucidez que solían tener antaño los humanos.-respondió ella.
-No se que debo hacer…no debió pasar esto…no debió pasar esto estando yo aquí…creo- dijo Wolf sonriendo modestamente y apenado por la situación.
-La vida no siempre es lo que uno espera de ella Wolf, pero aun debe enfrentarse, voy revelarte un pequeño secreto, los dioses han marcado un destino para los humanos, sin embargo, que se cumpla o no depende solo de ustedes y de las decisiones que tomen a cada paso. Muy de vez en cuando somos requeridas para forzar las voluntades-
-¿Por qué los dioses “forzarían voluntades” Serena, porque lo harían?- preguntó asustado.
-Porque hay un tiempo universal con el que debe cumplirse, y ni siquiera los dioses pueden evadirlo, está mas allá de ellos…pero hay veces debe forzarse el destino para cumplir con él. Que el cambio sobrevenga no siempre es malo…- dijo Serena con su imparcial tono de voz.
-¿Entonces que Avernio gobierne no será malo?…es el ser mas repulsivo que ha existido-
-Son pasos en la trama de la vida Wolf, tu solo vez las puntadas pero no imaginas la inmensidad del tapiz, lo que para ti son razones finales para nosotras desde los cielos no son mas que medios, los fines exceden el entendimiento de tu mente porque abarcan mucho, muchísimo tiempo mas que el de sus simples vidas…los humanos no tienen idea de la dimensión del todo, solo puedo decirte que como sea cumplirás con tu parte…guíate por tus pensamientos, no temas hacer jamás lo que piensas debe hacerse eres brillante aunque te hayan dicho que no-
Las palabras del Lucero le gustaban a Wolf quien sonrío frunciendo el labio hacía un lado como hacía siempre que le gustaba lo que escuchaba, mas que nada al rey le maravillaba escuchar halagos.
Fuera cual fuera la voluntad de Serena o las redes que debiera echar ya estaba echo, aquel pequeñísimo rey del mundo se creía a su altura, por lo cual dando por cumplida su misión El Lucero retrocedió y se disparó a los cielos dejando al hombre en una confusión enorme. Cuando la confusión hubo pasado Wolf se miró las manos y creyó verlas mas jóvenes, se sentía renovado “tal vez sea un gran líder, tal vez sea…un gran rey”…
Y ya nunca mas mientras duró su vida dudo jamás de ninguna de sus acciones.

miércoles 6 de mayo de 2009




(NOVELA EN CONSTRUCCIÓN)



SAPHIRA TRABAJA Y TRABAJA... JUNTO CON MARCE...



En verdad este proyecto es mas grande de lo que esperabamos

Mientras tanto les presentamos al Principe Soren

Besos a todos

sábado 25 de abril de 2009

Este es el Rey Wolf al que Marcelo le ha dado una maravillosa imagen, se los presento

TERCERA PARTE
LAS ESCAMAS DEL GRAGÓN

CAPITULO I

La guerra siempre había sido parte de la humanidad, estaba en la cimiente de su raza, era parte de ellos. A lo largo de los siglos los humanos siempre habían luchado por algo, los Hijos del bosque, los seres ocultos, creían que se debía a que nacían con un vacío en el medio del pecho que no se llenaba con nada, un agujero profundo que los consumía con tanta ferocidad que llegaba a devorarlos, otros pensaban simplemente que no tenían alma y por lo tanto la esencia que conforma el todo, los hilos invisibles que tejen la trama de la vida y todo lo conectan para que seamos uno mas allá del tiempo y podamos sentir la energía vital fluir a través nuestro, los había expulsado u olvidado siglos atrás.
Solo Los Dioses y Los Luceros saben la verdad pero no lo dicen…y probablemente jamás lo harán…
Pero en verdad los humanos habían nacido para hacer la guerra, las tropas de Wolf avanzaban sin ningún tipo de temor, marchan sobre sus caballos a todo galope cantando canciones de taberna y cierta alegría podía verse en sus rostros, a los mas jóvenes podía tachárselos de atolondrados ya que no tenían la menor idea de los horrores que enfrentarían pero en aquellos de mas experiencia que guardaban cicatrices de batallas antiguas este comportamiento era incomprensible. Solo un rostro se ensombrecía a medida que avanzaban hacía El Paso de los Pájaros, era el del Rey mientras llegaba la noche y las hogueras se encendían en el campamento cercano a la aldea desierta pues ya había sido evacuada, Wolf sentía como el cuerpo se le helaba y estremecía mientras con su mente trataba de buscar a Aster, de visualizarlo, enviándole mensajes en el viento de la noche con la esperanza de que el mago o El Traficante escucharan su desesperación y lo socorrieran. No sabía porque pero la tristeza se había adueñado de su corazón, se sentía pequeño y miserable entre toda esa multitud de hombres que lo rodeaban y exigían de él algo que no podía brindarles, Wolf sabía que sus vidas dependían pura y exclusivamente de las decisiones que tomara y no deseaba cargar en su conciencia con la sangre de miles de inocentes los cuales lo torturarían en la noche sin poder dormir.
“No se si podré ganar esta guerra” repetía para si mismo mientras miraba hacia las tiendas donde todos los demás dormían “no podré ganarla, si existiera otra solución, otra manera de evitar la muerte y el fuego”
Pero no la había y él lo sabía, sentía hormigas que le caminaban por el cuerpo y deseaba ser otra persona, a cada paso de su caballo escuchaba los pasos del destino detrás de él, como si lo hubiera seguido desde siempre pero recién ahora lograra alcanzarlo. Se había vuelto muy perceptivo en aquellos días y comenzaba a realizar algunas especulaciones al respecto del mundo. Mientras la marcha seguía por las noches escuchaba el viento y creía escuchar las voces de Aster y El Traficante que le decían que debía ser firme, pero también había gritos y llanto y un frío glacial…¿en el futuro?…
No podía definirlo…y como no tenía sacerdocio…las cosas se complicaban aun mas ya que era imposible que pudiera reconocer una videncia por mas que un espíritu del pasado se parara delante de él diciéndole “aquí estoy”.
De todas formas había recibido instrucción, no era estúpido y de todas las cosas que sus maestros le enseñaran de pequeño lo único que recordaba eran las invocaciones y algunos hechizos del mago de palacio, o sea, el terco de Aster. Nunca, jamás se había animado a realizar siquiera una seña que atrajera magia hacia él, sabía también que los signos de la magia no estaban en su rostro por lo cual lo peor que podía suceder era que no resultara y sus esfuerzos fueran vanos.
La sexta noche desde la partida, reunió lo que tenía de coraje y se alejó de los fuegos del campamento para adentrarse entre los árboles. El bosque estaba silencioso como si Los Hijos de la Tierra hubieran desaparecido, que el rey no los viera u oyera no quería decir que no supiera de su existencia por lo cual tanto silencio le resultaba extraordinario y extraño, “deben haberse marchado ya a otro plano, o a otro reino, o al camino entre los mundos…mejor caminar eternamente entre las brumas a pasar por esto…pero…¿habrá brumas?...¿que habrá entre los mundos?...no es tiempo de preguntarte todo esto Wolf mejor concéntrate en los que estas haciendo pedazo de idiota” pensaba mientras caminaba con el crujir de las ramas bajo sus pies.
Se adentró hasta llegar a un claro guiado tal vez por la desesperación o la incipiente sabiduría nunca se sabe con los motivos que guían los corazones de los mortales, pero llegó hasta el centro mismo del bosque para quedar de cara a las estrellas. Allí estaban ellas, maldecidas y amadas a lo largo de la historia sin importarles nada, habían sobrevivido a todo y tenían seguramente el secreto para sobrevivir ya que lo habían hecho. Repitió el hechizo tal cual lo escuchara del mago en un susurro y creyó ver como las palabras escalaban hacía los cielos buscando la mano amiga de los astros para bajarlos a la tierra firme.
Esperó unos segundos…pero nada había pasado…lanzando un suspiro y cansado de intentar proezas en vano decidió volver al campamento, no era héroe y no lo sería. Mientras se alejaba, Serena Lucero del Sur, lo iluminaba con su resplandor aunque él no se percatara de ello.

viernes 17 de abril de 2009

Otra magnifica pintura de Marcelo

CAPITULOVII

Poco a poco en las puertas de piedra que habían sido talladas por el antiguo pueblo perdido se fueron congregando todos los seres que eran parte de la magia, aparte de los dragones que encabezaban la resistencia miles de lucecitas pequeñas invadieron los cielos quitando protagonismo a las estrellas, eran las hadas, Los Hijos de la Tierra y los bosques que se les unían ahora para defender lo que amaban. Rodearon a Soren y a Kraven pues compartían los mismos sentimientos, el amor a la luz y a la naturaleza y de esta manera sus poderes se nutrían en una simbiosis que los unía más allá de las diferencias de raza.
Maeva su señora se materializó del mismo tamaño que el príncipe dragón, Soren siempre la había amado desde la primera vez que la vio mientras tocaba una canción bajo los abedules y ella que pasaba por ahí se detuvo a cantar a su lado. Era un amor oculto pero correspondido y parte de su decisión de asumir forma humana estaba ligada a este sentimiento.
Tilia también había hecho de las suyas escapando y trayendo junto a él a todos los que pudo encontrar de la raza de los unicornios mientras esperaba ver las alas con plumas de los pegasos sus primos sobre el palacio.
Los seres de la magia se unían como hacía siglos no ocurría sobre la faz del mundo. El Gran Rey alzó la cabeza para hablar y todos los rumores se apagaron:
-Nuestras formas son solo una circunstancia…mas lo que somos va más allá de ellas. Somos lo que somos y nunca seremos ni tendremos otra cosa. Todos aquí somos hijos de la magia, uno a los ojos de ella… hemos por tanto pelear unidos hasta el fin y prestar ayuda a los buenos corazones y a los seres que piden y desean vivir. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que resistimos juntos… mas Los Hados del destino nos juntan una vez mas…la guerra está a las puertas de estas montañas y también agobia a los humanos en su reino mas allá de ellas. Sin embargo no puedo obligarlos a pelear por aquellos que no terminan de comprender nuestras razones…ni a luchar y morir muy lejos de sus hogares, cada uno, cada raza deberá buscar en su corazón y decidir lo que hará-
-¡Pelearemos!- gritó Maeva –Y hablo por todo el Clan de la Tierra…a tu lado Mi Señor o donde sea que vos dispongas, hasta el fin mi espada esta a tu servicio-
-¡Pelearemos!- rugieron los dragones, mientras los relinchos de los unicornios se unían al clamor y miles de alas blancas de pegasos cubrían sus cabezas y llegaban para unirse a la resistencia.
Surion miró a sus hijos que aguardaban de pie a su lado, ambos deseaban pelear, era un derecho de sangre de los príncipes que ni siquiera él Gran Rey podía quitar, pero no soportaba la idea de perder a ninguno de los dos en la oscuridad eterna. “¿Qué voy a hacer?... ¿Encerrar a Loreanna? ¿Y enviar a Soren a la última torre como vigía para hacer que conserven la vida lo que mas se pueda? . Lo haría en verdad si pudiera…mas no tengo derecho para quitarles la honra de esta manera…pero no puedo dejarlos partir…una parte debe ir mas allá de las montañas a socorrer a los humanos y otra debe permanecer aquí como retaguardia o para defendernos si es que nos atacan”.
Todos los presentes aguardaban las ordenes de Surion mientras él se debatía en un dilema interno sin poder tomar una elección, entonces Loreanna se adelantó apoyando su mano en una de sus patas –Padre- dijo en un susurro -se lo que piensas…déjame ir, es mi destino-
-No, no tu…otro irá…pero no tu- ya no podía contener las lágrimas, las palabras de su hija eran una puñalada, él sabía que era así, desde que viera las manchas de su huevo antes de que naciera, el destino de Loreanna estaba mas allá de las montañas.
-Es mi destino…sino parto ahora ya no habrá tiempo para salvar a nadie, ni siquiera a nosotros…ya lo he visto- y con su manito apretó la dura piel cubierta de escamas.
Miró al cielo, Resplandeciente se encontraba cerca de ellos como si escuchara la conversación…las otras tres malditas siempre frías y lejanas no experimentaban ningún cambio.
-Está bien…que así sea...en esencia y conciencia te acompañare a través de tu viaje hasta que regreses a mi hija mía, (o yo muera) pero no te enviaré sola… ¡Kraven!-
-¿Qué mandas Mi Señor?- dijo adelantándose seguro de la petición que le haría.
-Te envió con mi hija más allá de las montañas ahora, serás mis ojos y con tus garras la protegerás como si fueras yo mismo-
“Como sea tráela de vuelta y por nada permitas que confíe en los ojos del rey” le dijo a través de la telepatía.
Kraven asintió con la cabeza y de inmediato comenzó a dar órdenes ya que debían partir cuanto antes.
De repente un gigante globo de luz estalló en el firmamento, estaba a miles de kilómetros de distancia pero el hechizo que le diera origen había sido tan poderoso que todos los ojos de Zanmibia lo habían visto, era la señal de Aster.
-¡Debemos irnos!- gritó Kraven. –Sorma, Talen, Brincel, traigan a Tilia y a todos los unicornios que quieran venir, los que quieran cambiar de forma ya es tiempo, los que no, que remonten vuelo junto con los pegasos, que el Clan de los hijos de la tierra monte sobre ellos. ¡Maeva! ¿A quien envías para que guíe a tu gente?¡Ya no hay tiempo el pedido de ayuda esta en los cielos!-
Inevitablemente la guerra ya estaba sobre ellos.

viernes 10 de abril de 2009

Este es uno de los maravillos dragones que mi amigo Marcelo
"El Gran Ilustrador" esta realizando para esta novela



CAPITULO VI

-Padre…- no pudo seguir la voz se le apretó en la garganta y ese dolor que estruja al corazón la invadió de repente, miró a los lados y se vio reflejada en esos seres que la contemplaban entonces apretó las manos, ya no eran imponentes garras solo manitos humanas, blandas y pequeñas.
Los dragones no conocían la melancolía era algo ajeno a ellos, lo que le sucedía era el precio de su elección, las emociones humanas la devorarían porque no estaba preparada para sentir el dolor del mundo ni la punzada de la muerte con su corazón de arena y sal.
Sobre ella en el círculo que había en el techo de la bóveda la luz de Resplandeciente se paseaba iluminándola con toda la fuerza que podía tener.
“¿Buen signo, mal signo? ¿Quién sabe? … hija mía… ¿Cómo llegamos a esto?” ... pensaba Surion.
-Habla Loreanna…dinos lo que has visto en la montaña… o mejor dicho lo que te han mostrado- la ironía no era ajena al Rey, la magia de su hija era extraordinaria y sin embargo se dejaba llevar de las narices por esa Resplandeciente, esa estrellita con título ante los dioses. Aun así Las Benditas les habían resultado buenas aliadas en el pasado, pero…nunca se sabía con ellas la voluntad de los dioses era todo. Hacer cumplir esa voluntad las había privado de la propia, el destino fijado debía cumplirse y nada mas. Jamás cuestionaban nada ni elegían nada. Surion no sabía que era peor si Los Luceros o los magos grises (por suerte la segunda raza parecía exterminada). Deseaba que jamás naciera una cría gris… o algo peor…
“Quien vea todos los colores en el espectro… ” borró ese pensamiento de su cabeza.
-Padre…no es mi intención ofenderte ni a ninguno de los aquí presentes…vengo como humana ante ti…ya que ellos mismos no han podido llegar…porque no pueden encontrarnos…y necesitan ayuda-
-Y tu intercedes por ellos…ya veo tus intenciones…un humano ya intercedió hace siglos…y casi ninguno de los nuestros quedó sobre el mundo-
-Lo se, pero si no los ayudas ahora…morirán y cuando mueran Avernio verá mas allá de las montañas y vendrá por nosotros con sus masgrants y ellos tendrán nuestras almas…-
-Lo que pides no es sencillo ¿Qué tal si todos morimos peleando y la raza desaparece? ¿Crees que podas esconderte como humana? ¿Qué harás cuando seas la última de nosotros? Si salimos de los valles los masgrants nos verán y ya no les importarán los humanos vendrán por los que somos parte de la magia-
Si peleamos ahora podemos evitarlo…-
-Si nos quedamos aquí podremos defendernos mejor y tal vez haya esperanza-
-¡Si nos quedamos aquí…los masgrants nos asesinarán y destruirán el equilibrio y aunque la guerra no existiera…el tiempo…ya se ha encargado de hacer parte del trabajo!-
Loreanna Princesa de la raza, pequeña y humana ante lo imponente le decía a él el Gran Rey Surion Hijo del viento lo que muchos pensaban y ninguno decía y que sin embargo era real, el tiempo los exterminaría. Tenían que encontrar la manera de volver al mundo o morirían. Y los dragones no querían morir, la voluntad colectiva de todos los allí presentes era la de la vida, lo sentía en el aura que rodeaba a la corte, en el viento que le mecía las escamas, en su pueblo que dormía al abrigo de sus alas en cuevas y grutas, era el deseo de la magia que recorría todo su cuerpo y tiraba de sus venas a través de la sangre de miles de generaciones que se negaban a ser olvidadas para convertirse en huesos secos bajo el desierto de la oscuridad. Debían vivir aunque eso significara enfrentar la muerte a manos de los masgrants.
No se irían sin pelear.
-Debemos vivir…padre…- y su voz se escuchó firme
-Debemos vivir- dijo Soren -Queremos vivir padre…-
“¡Queremos vivir!” primero como un susurro y luego mas y mas fuerte se escuchaba por todos lados, era el eco de los corazones de los dragones que rebotaba en las paredes del castillo, no eran sus voces no las necesitaban el sonido del tambor de sus entrañas era suficiente, y sería su estandarte de batalla.
“¡Queremos vivir, queremos vivir!” y el sonido salió de las estancias reales y descendió al amparo de la noche a las grutas del pueblo donde todos despertaban extendiendo las alas con ese maravilloso sentimiento en medio del pecho y la alegría de sus almas hizo que sus escamas refulgieran en la oscuridad alumbrando el camino hacía el castillo, miles, todo el pueblo, de todos los Colores del Agua se dirigían volando a las puertas de piedra que guardaban la entrada y las crías pequeñas que aun no definían su color lo tomaron esa noche y sus dones fueron maravillosos y los que aun nunca habían lanzado fuego pudieron por fin sentirlo arder en su vientre, mientras los huevos que esperaban para nacer se abrieron y sus madres los hicieron remontar vuelo.
“Queremos vivir” y aquella voz colectiva se la llevaba el viento que recorría todo Zanmibia para que en sus bosques todo el pueblo de las hadas, el Clan de los Hijos de la Tierra, dejaran sus escondites y se unieran también a aquel clamor de esperanza.
-¡Queremos vivir! Gran Rey…Mi Señor- dijo una voz.
Loreanna volteó sobresaltada conocía aquel tono desde siempre.
Poco a poco las alas se plegaron y los cuerpos se corrieron para dar paso a un apuesto hombre de ojos verdes, era muy alto, el cabello negro le llegaba más allá de los hombros y la expresión de su rostro dejaba ver la incalculable marea de la sabiduría a través de un dejo de burla en su sonrisa.
Se adelantó hasta Surion para hacer una reverencia, luego tomó la mano de la princesa y la beso, mirándola a los ojos con una pasión casi incontenible.
Finalmente, después de tanto tiempo y tantos ruegos Kraven había cambiado y mientras lo miraba el corazón de Loreanna palpitaba con muchísima fuerza…